Los impagos a la Seguridad Social caen a una tasa mínima del 1,69%

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La Ministra de Empleo, Fátima Báñez, anunciaba triunfal a finales de julio que la Seguridad Social había recaudado casi 10.000 millones de euros por cotizaciones sociales en julio. Esto suponía un fuerte avance de los ingresos del sistema del 6,3% respecto al mismo mes del año anterior, o lo que es lo mismo, haber ingresado en un solo mes 3.540 millones más que en julio de 2016.

Se trata de una clara mejora de los ingresos del sistema tras tres años en los que la recuperación del empleo no se trasladaba con la misma intensidad a la recaudación de la Seguridad Social. De hecho, Báñez auguró que “2017 marcará un récord de ingresos” para el sistema que financia las pensiones públicas.

Esta mejoría del empleo y, consecuentemente de la recaudación por cotizaciones que pagan los empresarios y los trabajadores, se ha traducido también en una disminución de los impagos de dichas cuotas, hasta situar la tasa de morosidad de la Seguridad Social en un mínimo histórico del 1,69%, según los datos oficiales facilitados por el Departamento que dirige Báñez.

Esto quiere decir que, en la actualidad, solo ese porcentaje de empresarios y autónomos obligados a cotizar de forma efectiva todos los meses deja de ingresar sus cuotas en el plazo legal.

Esta tasa de morosidad llegó a tocar su máximo histórico durante la crisis, en febrero de 2009, con un 4,45% de cotizaciones a la Seguridad Social impagadas por las empresas. Desde entonces, varios factores han contribuido a su descenso continuo año tras año hasta el mínimo actual.

Desde el Ministerio de Empleo apuntan dos causas principales para este recorte de la morosidad. Por un lado, la evidente mejora de las situaciones financieras de las empresas y, en segundo lugar, el cambio en el sistema de recaudación de la Seguridad Social que empezó a aplicarse en 2015.

A partir de ese año, las empresas se han ido incorporando progresivamente al nuevo sistema, pasando de ingresar directamente las cotizaciones de sus empleados en la Seguridad Social a que ésta sea la que le facture dichas cotizaciones, con los datos que le facilita la compañía.

Fuentes de la Seguridad Social se muestran muy satisfechas con la aplicación de este nuevo modelo denominado de liquidación directa “porque las empresas tienen muchas menos posibilidades de eludir el pago de cotizaciones”. Esto repercute claramente en el descenso de la morosidad y el aumento de los ingresos.

En la actualidad, tras la implantación paulatina de este sistema de recaudación, la Seguridad Social ya factura telemáticamente y de forma directa el 80% de las cuotas de los trabajadores. En total, 12,5 millones de trabajadores o, dicho de otra manera, 15 millones de relaciones laborales registradas en el sistema en julio, explican desde Empleo.

En cualquier caso, la tasa de impago de la Seguridad Social es notablemente inferior –y lo ha sido siempre– a la morosidad experimentada por la banca, que en la actualidad se sitúa en el entorno del 8,7% y durante la crisis, a principios de 2013, llegó a rozar el 14% de impagos de deuda crediticia.

La Ministra de Empleo, Fátima Báñez, anunciaba triunfal a finales de julio que la Seguridad Social había recaudado casi 10.000 millones de euros por cotizaciones sociales en julio. Esto suponía un fuerte avance de los ingresos del sistema del 6,3% respecto al mismo mes del año anterior, o lo que es lo mismo, haber ingresado en un solo mes 3.540 millones más que en julio de 2016.

Se trata de una clara mejora de los ingresos del sistema tras tres años en los que la recuperación del empleo no se trasladaba con la misma intensidad a la recaudación de la Seguridad Social. De hecho, Báñez auguró que “2017 marcará un récord de ingresos” para el sistema que financia las pensiones públicas.

Esta mejoría del empleo y, consecuentemente de la recaudación por cotizaciones que pagan los empresarios y los trabajadores, se ha traducido también en una disminución de los impagos de dichas cuotas, hasta situar la tasa de morosidad de la Seguridad Social en un mínimo histórico del 1,69%, según los datos oficiales facilitados por el Departamento que dirige Báñez.

Esto quiere decir que, en la actualidad, solo ese porcentaje de empresarios y autónomos obligados a cotizar de forma efectiva todos los meses deja de ingresar sus cuotas en el plazo legal.

Esta tasa de morosidad llegó a tocar su máximo histórico durante la crisis, en febrero de 2009, con un 4,45% de cotizaciones a la Seguridad Social impagadas por las empresas. Desde entonces, varios factores han contribuido a su descenso continuo año tras año hasta el mínimo actual.

Desde el Ministerio de Empleo apuntan dos causas principales para este recorte de la morosidad. Por un lado, la evidente mejora de las situaciones financieras de las empresas y, en segundo lugar, el cambio en el sistema de recaudación de la Seguridad Social que empezó a aplicarse en 2015.

A partir de ese año, las empresas se han ido incorporando progresivamente al nuevo sistema, pasando de ingresar directamente las cotizaciones de sus empleados en la Seguridad Social a que ésta sea la que le facture dichas cotizaciones, con los datos que le facilita la compañía.

Fuentes de la Seguridad Social se muestran muy satisfechas con la aplicación de este nuevo modelo denominado de liquidación directa “porque las empresas tienen muchas menos posibilidades de eludir el pago de cotizaciones”. Esto repercute claramente en el descenso de la morosidad y el aumento de los ingresos.

En la actualidad, tras la implantación paulatina de este sistema de recaudación, la Seguridad Social ya factura telemáticamente y de forma directa el 80% de las cuotas de los trabajadores. En total, 12,5 millones de trabajadores o, dicho de otra manera, 15 millones de relaciones laborales registradas en el sistema en julio, explican desde Empleo.

En cualquier caso, la tasa de impago de la Seguridad Social es notablemente inferior –y lo ha sido siempre– a la morosidad experimentada por la banca, que en la actualidad se sitúa en el entorno del 8,7% y durante la crisis, a principios de 2013, llegó a rozar el 14% de impagos de deuda crediticia.

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