El Gobierno confía en que la mejora de sueldos reduzca el déficit

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El Ejecutivo de Mariano Rajoy insiste en que la moderación salarial ya cumplió su función en los peores años de la crisis y que, con la situación actual, con una economía avanzando a ritmos del 3% y con creación neta de empleo, las empresas están preparadas para incrementar los salarios. La presión del Ejecutivo no ha dado resultado y patronal y sindicatos no han logrado cerrar un acuerdo.

Un incremento de las rentas salariales ayudaría al Estado a reducir su déficit y cuadrar sus cuentas a través de mayores ingresos por el IRPF y las cotizaciones sociales. Los últimos datos de la Agencia Tributaria reflejan que la masa salarial –sin incluir las rentas de los autónomos– alcanzó el ejercicio anterior los 336.010 millones de euros, un importe que sufrió una retención media del 15%. Un incremento de la masa salarial del 1% podría elevar la recaudación en casi 600 millones.

Una subida del 3% –el máximo que pedían los sindicatos– supondría 1.500 millones adicionales. Se trata de un ejercicio ficticio porque resulta inviable que todos los salarios suban el 3%. En cualquier caso, ilustra la importancia que tiene para las cuentas públicas la evolución salarial. Los sindicatos reclamaban durante la negociación un incremento entre el 1,8% y el 3%, mientras la patronal planteaba subidas del 1% hasta un máximo del 2,5% y vinculado a la productividad.

El mayor efecto del incremento salarial se refleja en las cotizaciones sociales y, por lo tanto, en las cuentas de la Seguridad Social. Teniendo en cuenta la remuneración de asalariados de contabilidad nacional y la presión fiscal sobre el trabajo, por cada punto de incremento de salario, los ingresos por cotizaciones aumentan en torno a 900 millones.

Así, entre IRPF y cotizaciones, un aumento salarial del 3% supondría recaudar 4.000 millones frente a los 1.500 millones que reportaría un aumento del 1%. Visto así, se entiende el interés del Gobierno para que los salarios aumenten.

Recientemente, la misión del FMI señaló que España tenía un margen escaso para seguir saneando sus cuentas públicas a través de la reducción del gasto. De hecho, el Gobierno de Mariano Rajoy asegura que los ajustes se han terminado y planea presupuestos expansivos. Por lo tanto, la reducción del déficit deberá sustentarse en una mejora de los ingresos. Ante la ausencia de medidas fiscales, el incremento de la recaudación solo puede proceder de la mejora de la economía: el aumento del empleo, del consumo, los beneficios empresariales y las rentas salariales son elementos que permiten incrementar la recaudación.

El Ejecutivo de Mariano Rajoy insiste en que la moderación salarial ya cumplió su función en los peores años de la crisis y que, con la situación actual, con una economía avanzando a ritmos del 3% y con creación neta de empleo, las empresas están preparadas para incrementar los salarios. La presión del Ejecutivo no ha dado resultado y patronal y sindicatos no han logrado cerrar un acuerdo.

Un incremento de las rentas salariales ayudaría al Estado a reducir su déficit y cuadrar sus cuentas a través de mayores ingresos por el IRPF y las cotizaciones sociales. Los últimos datos de la Agencia Tributaria reflejan que la masa salarial –sin incluir las rentas de los autónomos– alcanzó el ejercicio anterior los 336.010 millones de euros, un importe que sufrió una retención media del 15%. Un incremento de la masa salarial del 1% podría elevar la recaudación en casi 600 millones.

Una subida del 3% –el máximo que pedían los sindicatos– supondría 1.500 millones adicionales. Se trata de un ejercicio ficticio porque resulta inviable que todos los salarios suban el 3%. En cualquier caso, ilustra la importancia que tiene para las cuentas públicas la evolución salarial. Los sindicatos reclamaban durante la negociación un incremento entre el 1,8% y el 3%, mientras la patronal planteaba subidas del 1% hasta un máximo del 2,5% y vinculado a la productividad.

El mayor efecto del incremento salarial se refleja en las cotizaciones sociales y, por lo tanto, en las cuentas de la Seguridad Social. Teniendo en cuenta la remuneración de asalariados de contabilidad nacional y la presión fiscal sobre el trabajo, por cada punto de incremento de salario, los ingresos por cotizaciones aumentan en torno a 900 millones.

Así, entre IRPF y cotizaciones, un aumento salarial del 3% supondría recaudar 4.000 millones frente a los 1.500 millones que reportaría un aumento del 1%. Visto así, se entiende el interés del Gobierno para que los salarios aumenten.

Recientemente, la misión del FMI señaló que España tenía un margen escaso para seguir saneando sus cuentas públicas a través de la reducción del gasto. De hecho, el Gobierno de Mariano Rajoy asegura que los ajustes se han terminado y planea presupuestos expansivos. Por lo tanto, la reducción del déficit deberá sustentarse en una mejora de los ingresos. Ante la ausencia de medidas fiscales, el incremento de la recaudación solo puede proceder de la mejora de la economía: el aumento del empleo, del consumo, los beneficios empresariales y las rentas salariales son elementos que permiten incrementar la recaudación.

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