Los sindicatos dan por muerto el pacto salarial y auguran un “otoño difícil”

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Por segunda vez desde que en 2001 comenzaran a negociarse pactos de esta naturaleza patronal y sindicatos han sido incapaces de cerrar un pacto de incremento de salarios. La última oferta planteada este martes por la patronal, con una horquilla que oscilaba entre el 1,2% y el 2% más un 0,5% adicional en función de parámetros como la productividad o el absentismo, no logró el efecto esperado de acercar posturas.

Los sindicatos mantuvieron hasta el final su propuesta de fijar la mejora de los sueldos entre un mínimo del 1,8% y un 3%. Pero, además, más allá de las cifras, las organizaciones sindicales se mostraron inflexibles sobre su exigencia de incluir la cláusula de revisión salarial, con el objeto de garantizar que los trabajadores no perdieran poder adquisitivo.

Ese ha sido, tal y como admiten ambas partes, el escollo insalvable de la negociación. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, dio este miércoles por “muerto” el pacto y en un comunicado conjunto posterior ambos sindicatos acusaron a la patronal de “negar el acuerdo”, de empezar “sin ganas la negociación y acabarla sin ninguna”, así como de mostrar una actitud “irresponsable”. Por ello, auguran que la negociación colectiva se enfrenta a un “otoño difícil”.

La patronal, por su parte, no quiso añadir ningún comentario a las consideraciones incluidas en el documento remitido el martes, en el que modificó por última vez su oferta y admitió que, si los sindicatos volvían a rechazar su planteamiento, no habría pacto.

Por su parte, los sindicatos aseguraron que “CEOE y Cepyme han negado el acuerdo (...) La patronal acudió tarde y mal al inicio de la negociación, desapareció durante un largo periodo y en la parte final de la misma demostró poco interés y ninguna voluntad de un acuerdo salarial”, subrayó el comunicado.

Sobre el escenario que se abre a partir de ahora, UGT y CC OO reconocieron que el proceso de diálogo social abierto sobre temas tan cruciales como la formación, la reforma de los servicios públicos de empleo o el incremento de la calidad en la contratación queda devaluado y ”se asesta un duro golpe a la credibilidad de sus interlocutores”. Así, los sindicatos lamentaron que las organizaciones empresariales hayan sido “incapaces” de reconocer la necesidad de trasladar a las rentas salariales la recuperación.

Por su parte, la patronal llegó a plantear el martes la necesidad de que de cara a la negociación de 2018 desaparezca toda referencia salarial del acuerdo y sean las compañías las que, en función de su situación financiera, fijen la subida de los sueldos de acuerdo con sus trabajadores.

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, aseguró a comienzos de este mes que había llegado el momento de trasladar la mejora económica y del empleo a las retribuciones de los trabajadores. Pero en aras de que sus palabras no fueran interpretadas como un apoyo las tesis sindicales, la ministra matizó que las mejoras salariales deberían ser compatibles con las ganancias de competitividad y la creación de empleo. Ni esos llamamientos al consenso lograron convencer a los agentes sociales.

De esta manera, es la segunda vez que no se logra cerrar el pacto de salarios, la primera fue en 2009 en plena recesión. En 2010, 2011 y 2012 se establecieron alzas de hasta el 1%, entre el 1% y el 2% y entre el 1,5% y el 2,5%, respectivamente y se incluyó la cláusula de garantía. La dureza de la crisis obligó a anular la subida de 2012 y firmar otro acuerdo hasta 2014 con subidas más moderadas, de hasta el 0,6%, pero de nuevo con cláusula. No fue hasta el último en vigor, que finalizó en 2016, cuando desapareció la garantía que ahora ha echado por tierra la renovación del pacto.

Por segunda vez desde que en 2001 comenzaran a negociarse pactos de esta naturaleza patronal y sindicatos han sido incapaces de cerrar un pacto de incremento de salarios. La última oferta planteada este martes por la patronal, con una horquilla que oscilaba entre el 1,2% y el 2% más un 0,5% adicional en función de parámetros como la productividad o el absentismo, no logró el efecto esperado de acercar posturas.

Los sindicatos mantuvieron hasta el final su propuesta de fijar la mejora de los sueldos entre un mínimo del 1,8% y un 3%. Pero, además, más allá de las cifras, las organizaciones sindicales se mostraron inflexibles sobre su exigencia de incluir la cláusula de revisión salarial, con el objeto de garantizar que los trabajadores no perdieran poder adquisitivo.

Ese ha sido, tal y como admiten ambas partes, el escollo insalvable de la negociación. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, dio este miércoles por “muerto” el pacto y en un comunicado conjunto posterior ambos sindicatos acusaron a la patronal de “negar el acuerdo”, de empezar “sin ganas la negociación y acabarla sin ninguna”, así como de mostrar una actitud “irresponsable”. Por ello, auguran que la negociación colectiva se enfrenta a un “otoño difícil”.

La patronal, por su parte, no quiso añadir ningún comentario a las consideraciones incluidas en el documento remitido el martes, en el que modificó por última vez su oferta y admitió que, si los sindicatos volvían a rechazar su planteamiento, no habría pacto.

Por su parte, los sindicatos aseguraron que “CEOE y Cepyme han negado el acuerdo (...) La patronal acudió tarde y mal al inicio de la negociación, desapareció durante un largo periodo y en la parte final de la misma demostró poco interés y ninguna voluntad de un acuerdo salarial”, subrayó el comunicado.

Sobre el escenario que se abre a partir de ahora, UGT y CC OO reconocieron que el proceso de diálogo social abierto sobre temas tan cruciales como la formación, la reforma de los servicios públicos de empleo o el incremento de la calidad en la contratación queda devaluado y ”se asesta un duro golpe a la credibilidad de sus interlocutores”. Así, los sindicatos lamentaron que las organizaciones empresariales hayan sido “incapaces” de reconocer la necesidad de trasladar a las rentas salariales la recuperación.

Por su parte, la patronal llegó a plantear el martes la necesidad de que de cara a la negociación de 2018 desaparezca toda referencia salarial del acuerdo y sean las compañías las que, en función de su situación financiera, fijen la subida de los sueldos de acuerdo con sus trabajadores.

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, aseguró a comienzos de este mes que había llegado el momento de trasladar la mejora económica y del empleo a las retribuciones de los trabajadores. Pero en aras de que sus palabras no fueran interpretadas como un apoyo las tesis sindicales, la ministra matizó que las mejoras salariales deberían ser compatibles con las ganancias de competitividad y la creación de empleo. Ni esos llamamientos al consenso lograron convencer a los agentes sociales.

De esta manera, es la segunda vez que no se logra cerrar el pacto de salarios, la primera fue en 2009 en plena recesión. En 2010, 2011 y 2012 se establecieron alzas de hasta el 1%, entre el 1% y el 2% y entre el 1,5% y el 2,5%, respectivamente y se incluyó la cláusula de garantía. La dureza de la crisis obligó a anular la subida de 2012 y firmar otro acuerdo hasta 2014 con subidas más moderadas, de hasta el 0,6%, pero de nuevo con cláusula. No fue hasta el último en vigor, que finalizó en 2016, cuando desapareció la garantía que ahora ha echado por tierra la renovación del pacto.

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