El FMI ve riesgos para la cohesión de la eurozona por la brecha Norte-Sur

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Las recetas para reducir los riesgos son las de siempre, salvo por una novedad: el FMI proclama a los cuatro vientos que la eurozona necesita un presupuesto capaz de estimular las economías más golpeadas en tiempos de crisis. Lo demás es prácticamente de carril: reclama reformas, crear colchones fiscales en los países más vulnerables, seguir con la política monetaria actual y terminar de reestructurar la banca. Y pide a quienes tiene margen fiscal —especialmente Alemania y Holanda— que gasten más, una recomendación que cae en saco roto un año tras otro.

"La convergencia de rentas a lo largo de la eurozona se ha estancado", constata el FMI, pese a que la Comisión Europea lleva meses pasando de puntillas por esa importante tendencia. Los países del euro experimentaron una constante convergencia en los años previos a la adopción de la moneda única. Ya con el euro, esa convergencia se estancó. Y "desde la irrupción de la crisis, las rentas tienden a divergir", subraya el Fondo.

Esa divergencia es tan lacerante que algunos observadores empiezan a constatar que el euro parece diseñado para favorecer únicamente a Alemania y sus satélites. El FMI no va tan lejos, pero apunta que la brecha Norte-Sur no ha hecho más que ampliarse desde que empezó la crisis. Las consecuencias económicas de ese gap son notables, pero el Fondo pone el acento en los efectos políticos: "La convergencia de rentas no es un prerrequisito para el buen funcionamiento de la eurozona, pero es clave para la integración económica. Es fundamental para la cohesión de la unión monetaria asegurar que los beneficios de la integración se reparten, especialmente en un ambiente de bajo crecimiento y desigualdad".

El Fondo augura, en fin, serias dificultades políticas si la brecha Norte-Sur no deja de agrandarse. "Un ensanchamiento de la diferencia de rentas entre países podría amenazar la capacidad de las instituciones para adoptar soluciones comunes", ante la inapelable necesidad de apuntalar la arquitectura de la eurozona para evitar que la siguiente crisis se la lleve por delante.

Alemania no se fía del resto y por eso no termina de ver claro el presupuesto de la eurozona, la mutualización de deuda y el fondo de garantía de depósitos común. Y el resto tampoco termina de fiarse de una Alemania que ha vivido una crisis plácida y no ha hecho nada por facilitar las cosas al resto, pese a que Bruselas cree que el superávit comercial alemán —el mayor del mundo, por encima del chino— puede ser contraproducente y Berlín debería invertir, gastar y apoyar las subidas salariales.

Mientras que el PIB alemán está claramente por encima de los niveles precrisis, en países como Italia —con una corriente antieuro cada vez más amplia— los efectos de la crisis han sido mucho más persistentes y el PIB solo recuperará los niveles anteriores a 2009 "a mitad de la próxima década", añade el Fondo. España sigue también con un nivel de empleo muy inferior al de antes de la crisis, a pesar de la fuerte recuperación, con niveles de precariedad, pobreza, exclusión social y desigualdad muy elevados. "La convergencia real es decepcionante", cierra el Fondo, que la explica básicamente por las disparidades en la competitividad, esencialmente por las diferencias en los costes laborales.

Países como Portugal, España y Grecia han hecho un esfuerzo de contención de esos costes desde la crisis. Hasta en media docena de ocasiones, el Fondo afirma que Alemania tiene que hacer más esfuerzos por elevar sus salarios, invertir y potenciar su anémica demanda interna. Algo parecido dicen ya la Comisión Europea, la OCDE, el G20 y hasta muchos economistas alemanes. La canciller Angela Merkel ha dado un giro hacia esas políticas, pero el Fondo destaca, en la línea de la nueva Administración de Estados Unidos, que la ambición de Merkel "queda muy por debajo de las recomendaciones" de la institución con sede en Washington.

El documento hace además varias referencias al Brexit, el divorcio entre Reino Unido y la UE. Para el Fondo, el Brexit pone sobre la mesa la necesidad de terminar la unión bancaria y la unión de los mercados de capital. La salida de Reino Unido es una de las fuentes de incertidumbre global, junto con las políticas proteccionistas de Estados Unidos. "El Brexit va a cambiar el panorama financiero", destaca el FMI: "Las instituciones financieras con sede en Londres asumen un Brexit duro y están en contacto con las autoridades europeas y nacionales para obtener licencias y estudiar opciones de relocalización".

Las recetas para reducir los riesgos son las de siempre, salvo por una novedad: el FMI proclama a los cuatro vientos que la eurozona necesita un presupuesto capaz de estimular las economías más golpeadas en tiempos de crisis. Lo demás es prácticamente de carril: reclama reformas, crear colchones fiscales en los países más vulnerables, seguir con la política monetaria actual y terminar de reestructurar la banca. Y pide a quienes tiene margen fiscal —especialmente Alemania y Holanda— que gasten más, una recomendación que cae en saco roto un año tras otro.

"La convergencia de rentas a lo largo de la eurozona se ha estancado", constata el FMI, pese a que la Comisión Europea lleva meses pasando de puntillas por esa importante tendencia. Los países del euro experimentaron una constante convergencia en los años previos a la adopción de la moneda única. Ya con el euro, esa convergencia se estancó. Y "desde la irrupción de la crisis, las rentas tienden a divergir", subraya el Fondo.

Esa divergencia es tan lacerante que algunos observadores empiezan a constatar que el euro parece diseñado para favorecer únicamente a Alemania y sus satélites. El FMI no va tan lejos, pero apunta que la brecha Norte-Sur no ha hecho más que ampliarse desde que empezó la crisis. Las consecuencias económicas de ese gap son notables, pero el Fondo pone el acento en los efectos políticos: "La convergencia de rentas no es un prerrequisito para el buen funcionamiento de la eurozona, pero es clave para la integración económica. Es fundamental para la cohesión de la unión monetaria asegurar que los beneficios de la integración se reparten, especialmente en un ambiente de bajo crecimiento y desigualdad".

El Fondo augura, en fin, serias dificultades políticas si la brecha Norte-Sur no deja de agrandarse. "Un ensanchamiento de la diferencia de rentas entre países podría amenazar la capacidad de las instituciones para adoptar soluciones comunes", ante la inapelable necesidad de apuntalar la arquitectura de la eurozona para evitar que la siguiente crisis se la lleve por delante.

Alemania no se fía del resto y por eso no termina de ver claro el presupuesto de la eurozona, la mutualización de deuda y el fondo de garantía de depósitos común. Y el resto tampoco termina de fiarse de una Alemania que ha vivido una crisis plácida y no ha hecho nada por facilitar las cosas al resto, pese a que Bruselas cree que el superávit comercial alemán —el mayor del mundo, por encima del chino— puede ser contraproducente y Berlín debería invertir, gastar y apoyar las subidas salariales.

Mientras que el PIB alemán está claramente por encima de los niveles precrisis, en países como Italia —con una corriente antieuro cada vez más amplia— los efectos de la crisis han sido mucho más persistentes y el PIB solo recuperará los niveles anteriores a 2009 "a mitad de la próxima década", añade el Fondo. España sigue también con un nivel de empleo muy inferior al de antes de la crisis, a pesar de la fuerte recuperación, con niveles de precariedad, pobreza, exclusión social y desigualdad muy elevados. "La convergencia real es decepcionante", cierra el Fondo, que la explica básicamente por las disparidades en la competitividad, esencialmente por las diferencias en los costes laborales.

Países como Portugal, España y Grecia han hecho un esfuerzo de contención de esos costes desde la crisis. Hasta en media docena de ocasiones, el Fondo afirma que Alemania tiene que hacer más esfuerzos por elevar sus salarios, invertir y potenciar su anémica demanda interna. Algo parecido dicen ya la Comisión Europea, la OCDE, el G20 y hasta muchos economistas alemanes. La canciller Angela Merkel ha dado un giro hacia esas políticas, pero el Fondo destaca, en la línea de la nueva Administración de Estados Unidos, que la ambición de Merkel "queda muy por debajo de las recomendaciones" de la institución con sede en Washington.

El documento hace además varias referencias al Brexit, el divorcio entre Reino Unido y la UE. Para el Fondo, el Brexit pone sobre la mesa la necesidad de terminar la unión bancaria y la unión de los mercados de capital. La salida de Reino Unido es una de las fuentes de incertidumbre global, junto con las políticas proteccionistas de Estados Unidos. "El Brexit va a cambiar el panorama financiero", destaca el FMI: "Las instituciones financieras con sede en Londres asumen un Brexit duro y están en contacto con las autoridades europeas y nacionales para obtener licencias y estudiar opciones de relocalización".

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