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En el tradicional lenguaje del FMI, con un reparto de alabanzas y duras críticas, el capítulo dedicado a la banca el informe de la Declaración Final de 2017 sobre España, afirma que "los legados de la crisis todavía no se han superado del todo. Las cifras de activos morosos y adjudicados se han reducido notablemente, pero se mantienen relativamente elevados en unos cuantos bancos, lastrando sus resultados".

En el marco del Programa de Evaluación del Sector Financiero (PESF) el Fondo resumió las tres prioridades a corto plazo: "atajar las debilidades restantes y los legados de la crisis, prepararse para manejar turbulencias que amenacen la estabilidad financiera," (subida de tipos) "y fortalecer y modernizar el marco institucional", algo que ya recriminó al Gobierno español, y al Ministerio de Economía, en anteriores ocasiones.

El FMI pone el dedo en la llaga, en donde empezó todo en 2008, en el ladrillo. "Dada la tradicional importancia de la exposición al sector inmobiliario en los balances bancarios" pide limitar "la ratio préstamo-valor de garantía y la ratio de cobertura del servicio de la deuda", algo que, asegura, "reforzaría la capacidad del Banco de España a la hora de afrontar una futura acumulación de riesgos en la exposición al sector inmobiliario".

Y reclama un modelo de supervisión tradicional, revisando los casos de forma muy detallada, no de forma genérica. "Los supuestos de valoración de los activos inmobiliarios de los bancos deberían analizarse minuciosamente, llevándose a cabo acciones de supervisión para impulsar un mayor avance". Y concluye: "Los bancos españoles necesitan continuar mejorando la rentabilidad, acumulando más reservas de capital, y adaptando sus posiciones de financiación".

Es decir, casi una década después del estallido, "los balances del sector bancario son más sólidos", pero pide mantener alta la guardia y ser más activos en limpiar las malas herencias de la reciente gran depresión. "Un enfoque más proactivo a la hora de lidiar con los legados de la crisis ayudaría a preparar al sistema bancario para los nuevos retos. La aceleración del saneamiento de balances debería basarse en la orientación del BCE sobre la reducción de la morosidad y la aplicación de las normas contables sobre provisiones (entrada en vigor de la NIIF 9)", dice el documento.

Y continúa advirtiendo: "Al igual que otros bancos europeos, la banca española también se enfrenta a los retos derivados de las incertidumbres relativas al entorno de crecimiento, la posible normalización futura de la política monetaria del BCE, y el cumplimiento de requisitos regulatorios futuros".

En el tradicional lenguaje del FMI, con un reparto de alabanzas y duras críticas, el capítulo dedicado a la banca el informe de la Declaración Final de 2017 sobre España, afirma que "los legados de la crisis todavía no se han superado del todo. Las cifras de activos morosos y adjudicados se han reducido notablemente, pero se mantienen relativamente elevados en unos cuantos bancos, lastrando sus resultados".

En el marco del Programa de Evaluación del Sector Financiero (PESF) el Fondo resumió las tres prioridades a corto plazo: "atajar las debilidades restantes y los legados de la crisis, prepararse para manejar turbulencias que amenacen la estabilidad financiera," (subida de tipos) "y fortalecer y modernizar el marco institucional", algo que ya recriminó al Gobierno español, y al Ministerio de Economía, en anteriores ocasiones.

El FMI pone el dedo en la llaga, en donde empezó todo en 2008, en el ladrillo. "Dada la tradicional importancia de la exposición al sector inmobiliario en los balances bancarios" pide limitar "la ratio préstamo-valor de garantía y la ratio de cobertura del servicio de la deuda", algo que, asegura, "reforzaría la capacidad del Banco de España a la hora de afrontar una futura acumulación de riesgos en la exposición al sector inmobiliario".

Y reclama un modelo de supervisión tradicional, revisando los casos de forma muy detallada, no de forma genérica. "Los supuestos de valoración de los activos inmobiliarios de los bancos deberían analizarse minuciosamente, llevándose a cabo acciones de supervisión para impulsar un mayor avance". Y concluye: "Los bancos españoles necesitan continuar mejorando la rentabilidad, acumulando más reservas de capital, y adaptando sus posiciones de financiación".

Es decir, casi una década después del estallido, "los balances del sector bancario son más sólidos", pero pide mantener alta la guardia y ser más activos en limpiar las malas herencias de la reciente gran depresión. "Un enfoque más proactivo a la hora de lidiar con los legados de la crisis ayudaría a preparar al sistema bancario para los nuevos retos. La aceleración del saneamiento de balances debería basarse en la orientación del BCE sobre la reducción de la morosidad y la aplicación de las normas contables sobre provisiones (entrada en vigor de la NIIF 9)", dice el documento.

Y continúa advirtiendo: "Al igual que otros bancos europeos, la banca española también se enfrenta a los retos derivados de las incertidumbres relativas al entorno de crecimiento, la posible normalización futura de la política monetaria del BCE, y el cumplimiento de requisitos regulatorios futuros".

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