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El papel del sector empresarial ha sido clave para la recuperación de la economía española, y es patente en el repunte del sector exterior gracias a la internacionalización durante los años de crisis. Si en 2008 las exportaciones suponían el 17% del PIB, en 2017 ya suponen más del 33%. De hecho, España ha seguido un patrón muy similar al de Alemania en cuota de exportaciones desde 2014.

"En España ha habido un esfuerzo espectacular de desapalancamiento del sector privado", subrayó hoy el jefe del Servicio de Estudios del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, en la inauguración de las jornadas de Funcas sobre Coyuntura y estructura de la realidad económica española, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Este desapalancamiento ha venido acompañado, sin embargo, de un apalancamiento del sector público.

Hernández de Cos advirtió de la necesidad de mejorar la productividad para poder crecer en un momento crítico de caída de la demografía, con una tasa de dependencia del 30% que podría alcanzar el 60% en 2045. Actualmente, España tiene "un entorno regulatorio que entorpece la actividad empresarial", que limita la creación de empresas, con barreras financieras y morfológicas que incrementan la presión en compañías que están creciendo; y de limitaciones sobre energía o transportes que encarecen la producción de bienes y servicios.

El dinamismo del sector empresarial ha favorecido una reducción de la deuda privada, que ha conseguido alcanzar el 157,5% del PIB en 2017, frente al elevado 215,7% que tenía en 2010. Un desapalancamiento que no ha conseguido el sector público: si en 2007 la deuda pública de España era del 35,6%, "una de las más bajas del mundo occidental", y hoy se eleva al 98,1%.

En el caso del sector privado, se trata de un esfuerzo que viene de la mano de la demanda interna de hogares, gracias a un aumento del poder adquisitivo como consecuencia de la bajada de precios del petróleo, una tendencia que podría moderarse si se tienen en cuenta las previsiones del Banco de España, que apunta a un aumento del IPC del 2% este año, frente al -0,2 de 2016. No obstante, cabe puntualizar que por el momento los precios del petróleo continúan a la baja, por lo que puede que la inflación sea menor de lo esperado.

El papel del sector empresarial ha sido clave para la recuperación de la economía española, y es patente en el repunte del sector exterior gracias a la internacionalización durante los años de crisis. Si en 2008 las exportaciones suponían el 17% del PIB, en 2017 ya suponen más del 33%. De hecho, España ha seguido un patrón muy similar al de Alemania en cuota de exportaciones desde 2014.

"En España ha habido un esfuerzo espectacular de desapalancamiento del sector privado", subrayó hoy el jefe del Servicio de Estudios del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, en la inauguración de las jornadas de Funcas sobre Coyuntura y estructura de la realidad económica española, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Este desapalancamiento ha venido acompañado, sin embargo, de un apalancamiento del sector público.

Hernández de Cos advirtió de la necesidad de mejorar la productividad para poder crecer en un momento crítico de caída de la demografía, con una tasa de dependencia del 30% que podría alcanzar el 60% en 2045. Actualmente, España tiene "un entorno regulatorio que entorpece la actividad empresarial", que limita la creación de empresas, con barreras financieras y morfológicas que incrementan la presión en compañías que están creciendo; y de limitaciones sobre energía o transportes que encarecen la producción de bienes y servicios.

El dinamismo del sector empresarial ha favorecido una reducción de la deuda privada, que ha conseguido alcanzar el 157,5% del PIB en 2017, frente al elevado 215,7% que tenía en 2010. Un desapalancamiento que no ha conseguido el sector público: si en 2007 la deuda pública de España era del 35,6%, "una de las más bajas del mundo occidental", y hoy se eleva al 98,1%.

En el caso del sector privado, se trata de un esfuerzo que viene de la mano de la demanda interna de hogares, gracias a un aumento del poder adquisitivo como consecuencia de la bajada de precios del petróleo, una tendencia que podría moderarse si se tienen en cuenta las previsiones del Banco de España, que apunta a un aumento del IPC del 2% este año, frente al -0,2 de 2016. No obstante, cabe puntualizar que por el momento los precios del petróleo continúan a la baja, por lo que puede que la inflación sea menor de lo esperado.

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