Pedro Sánchez gana las primarias a Días con 10 puntos de ventaja

Hacienda ha devuelto ya más de 2.900 millones de euros en lo que va de Campaña de la Renta 2016
20 Mayo, 2017
Bruselas quiere conocer más detalles sobre la supuesta elusión fiscal en Malta
21 Mayo, 2017
Ver todas las noticias >

Los militantes del PSOE han elegido a Pedro Sánchez como su secretario general en las elecciones primarias celebradas este domingo con una participación del 80% del censo de afiliados. Con el 99,23% de los votos escrutados (a las 0.57 de este lunes), Sánchez obtiene el 50,21% de los votos, frente al 39,94% de Susana Díaz y el 9,85% de Patxi López.

La diferencia entre el primero y el segundo es de más de 15.000 votos. "Vamos a construir el nuevo PSOE, el de los afiliados. Ahora vamos a tener un PSOE unido y rumbo a La Moncloa", ha declarado tras su victoria el renovado líder socialista. La primera consecuencia de la victoria de Sánchez: Antonio Hernando ha dimitido como portavoz del PSOE en el Congreso.

El ganador ha arrasado gracias a un mensaje claro: "Soy el candidato de los militantes". El nuevo secretario general -a falta del trámite de que lo ratifique el Congreso del partido- repite en el cargo después de que el Comité Federal lo derrocara en octubre, obligándole a dimitir para no ser el autor material de la abstención en favor de la investidura de Mariano Rajoy. Nadie defendió esa decisión en el otro bando, lo cual ha dejado a Díaz en tierra de nadie. Quería llegar a Ferraz bajo palio y se vuelve a Sevilla muy cuestionada.

Aupado por la erótica del victimismo, Sánchez ha galvanizado el malestar de las bases, después de tres grandes derrotas electorales, dos de ellas protagonizadas por él mismo. Pese a haber situado al PSOE en una senda bajista, ha arrollado al aparato. A partir de ahora, virará el partido hacia la izquierda y hacia una "democracia interna representativa". O sea, consultará las grandes decisiones con los militantes, que pasarán a ser la "columna vertebral del partido" y los "artífices de los nombramientos de los cargos internos". Consultarles los acuerdos de gobierno será obligatorio, según el programa de Sánchez.

¿Qué significa esto último? Dos cosas. En primer lugar, que Pedro Sánchez les preguntará a las bases, en cuanto pueda, si quieren coaligarse con Podemos. En segundo lugar, que las bases están por la labor de constituir una alianza de izquierdas que derroque a la derecha. Ambas cosas se retroalimentan en favor del giro izquierdista de la candidatura ganadora.

Esto penderá, como una espada de Damocles, sobre el resto de la legislatura, que entra ahora en estado de tensión permanente. Más aún con la moción de censura de Podemos en el horizonte. El presidente, Mariano Rajoy, que apelaba a los grandes pactos con el PSOE para mantener "la estabilidad económica", ve cómo se esfuma toda posibilidad de Gran Coalición. Sánchez ganó en 15 autonomías, en Ceuta, en Melilla y en Europa, mientras que Susana Díaz sólo venció en América y en su tierra natal, Andalucía.

Los datos autonómicos son relevantes porque dejan en evidencia a muchos barones que se implicaron de forma personal en que ganara Díaz y han acabado perdiendo contra Sánchez. Es el caso de Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, en la que el nuevo secretario general le ha sacado más de 35 puntos. Otro caso paroxístico es el de Extremadura, muy afín al susanismo, el ganador le ha sacado más de cinco puntos a Díaz, apoyada allí por el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara.

Además, los grandes líderes de la historia democrática del PSOE quedan muy tocados, ya que se posicionaron frontalmente contra Sánchez. Es el caso de los expresidentes del Gobierno Felipe González y José Luis Zapatero, que han erosionado notablemente su imagen interna. En algunos actos de Sánchez la militancia ha llegado a criticar con dureza a Felipe González, antaño patriarca intocable.

En la candidatura de Susana Díaz se lamentan no sólo por la clara derrota, sino porque, visto con cierta frialdad, la presidenta de Andalucía es la verdadera creadora del nuevo Sánchez. Ella alimentó más que nadie la estrategia sanchista, resumida en la frase "nosotros contra ellos; los militantes contra los notables". Cada vez que Díaz presumía de que ella ganaba y los demás no, conseguía votos... para Sánchez. De tanto llamarlo perdedor, lo ha convertido en ganador. La estrategia cimarrona del líder derrocado sedujo entonces a la militancia -más ideologizada que el electorado- por contraposición.

Tras el pesaje de los avales, llegó la remontada. Susana Díaz obtuvo más de 59.000 apoyos, frente a los 53.000 de Pedro Sánchez. "Son 59 frente a 53, eso son dos triples", dijo el nuevo secretario general hace dos semanas, en una metáfora baloncestística consumada con creces. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, cogió el rebote en seguida. "Los militantes del PSOE han decidido y han mandado un mensaje muy claro", tuiteó. Tan clara fue la victoria de Sánchez que el portavoz parlamentario del Grupo Socialista, Antonio Hernando, dimitió incluso antes de que terminara el recuento.

La participación rondó el 80%, 14 puntos más que en las primarias de 2014, en las que la participación ascendió al 66%. Ésa fue una de las claves de la victoria de Sánchez. (El País, 21-05-2017)

Los militantes del PSOE han elegido a Pedro Sánchez como su secretario general en las elecciones primarias celebradas este domingo con una participación del 80% del censo de afiliados. Con el 99,23% de los votos escrutados (a las 0.57 de este lunes), Sánchez obtiene el 50,21% de los votos, frente al 39,94% de Susana Díaz y el 9,85% de Patxi López.

La diferencia entre el primero y el segundo es de más de 15.000 votos. "Vamos a construir el nuevo PSOE, el de los afiliados. Ahora vamos a tener un PSOE unido y rumbo a La Moncloa", ha declarado tras su victoria el renovado líder socialista. La primera consecuencia de la victoria de Sánchez: Antonio Hernando ha dimitido como portavoz del PSOE en el Congreso.

El ganador ha arrasado gracias a un mensaje claro: "Soy el candidato de los militantes". El nuevo secretario general -a falta del trámite de que lo ratifique el Congreso del partido- repite en el cargo después de que el Comité Federal lo derrocara en octubre, obligándole a dimitir para no ser el autor material de la abstención en favor de la investidura de Mariano Rajoy. Nadie defendió esa decisión en el otro bando, lo cual ha dejado a Díaz en tierra de nadie. Quería llegar a Ferraz bajo palio y se vuelve a Sevilla muy cuestionada.

Aupado por la erótica del victimismo, Sánchez ha galvanizado el malestar de las bases, después de tres grandes derrotas electorales, dos de ellas protagonizadas por él mismo. Pese a haber situado al PSOE en una senda bajista, ha arrollado al aparato. A partir de ahora, virará el partido hacia la izquierda y hacia una "democracia interna representativa". O sea, consultará las grandes decisiones con los militantes, que pasarán a ser la "columna vertebral del partido" y los "artífices de los nombramientos de los cargos internos". Consultarles los acuerdos de gobierno será obligatorio, según el programa de Sánchez.

¿Qué significa esto último? Dos cosas. En primer lugar, que Pedro Sánchez les preguntará a las bases, en cuanto pueda, si quieren coaligarse con Podemos. En segundo lugar, que las bases están por la labor de constituir una alianza de izquierdas que derroque a la derecha. Ambas cosas se retroalimentan en favor del giro izquierdista de la candidatura ganadora.

Esto penderá, como una espada de Damocles, sobre el resto de la legislatura, que entra ahora en estado de tensión permanente. Más aún con la moción de censura de Podemos en el horizonte. El presidente, Mariano Rajoy, que apelaba a los grandes pactos con el PSOE para mantener "la estabilidad económica", ve cómo se esfuma toda posibilidad de Gran Coalición. Sánchez ganó en 15 autonomías, en Ceuta, en Melilla y en Europa, mientras que Susana Díaz sólo venció en América y en su tierra natal, Andalucía.

Los datos autonómicos son relevantes porque dejan en evidencia a muchos barones que se implicaron de forma personal en que ganara Díaz y han acabado perdiendo contra Sánchez. Es el caso de Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, en la que el nuevo secretario general le ha sacado más de 35 puntos. Otro caso paroxístico es el de Extremadura, muy afín al susanismo, el ganador le ha sacado más de cinco puntos a Díaz, apoyada allí por el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara.

Además, los grandes líderes de la historia democrática del PSOE quedan muy tocados, ya que se posicionaron frontalmente contra Sánchez. Es el caso de los expresidentes del Gobierno Felipe González y José Luis Zapatero, que han erosionado notablemente su imagen interna. En algunos actos de Sánchez la militancia ha llegado a criticar con dureza a Felipe González, antaño patriarca intocable.

En la candidatura de Susana Díaz se lamentan no sólo por la clara derrota, sino porque, visto con cierta frialdad, la presidenta de Andalucía es la verdadera creadora del nuevo Sánchez. Ella alimentó más que nadie la estrategia sanchista, resumida en la frase "nosotros contra ellos; los militantes contra los notables". Cada vez que Díaz presumía de que ella ganaba y los demás no, conseguía votos... para Sánchez. De tanto llamarlo perdedor, lo ha convertido en ganador. La estrategia cimarrona del líder derrocado sedujo entonces a la militancia -más ideologizada que el electorado- por contraposición.

Tras el pesaje de los avales, llegó la remontada. Susana Díaz obtuvo más de 59.000 apoyos, frente a los 53.000 de Pedro Sánchez. "Son 59 frente a 53, eso son dos triples", dijo el nuevo secretario general hace dos semanas, en una metáfora baloncestística consumada con creces. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, cogió el rebote en seguida. "Los militantes del PSOE han decidido y han mandado un mensaje muy claro", tuiteó. Tan clara fue la victoria de Sánchez que el portavoz parlamentario del Grupo Socialista, Antonio Hernando, dimitió incluso antes de que terminara el recuento.

La participación rondó el 80%, 14 puntos más que en las primarias de 2014, en las que la participación ascendió al 66%. Ésa fue una de las claves de la victoria de Sánchez. (El País, 21-05-2017)

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR