Las entidades tendrán que crear comités y auditar las operaciones que hagan

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El Banco Central Europeo (BCE) se compromete a ajustar su nivel de «intrusividad» en función del perfil de riesgo que asuma cada banco en sus operaciones de préstamo corporativo. Las entidades financieras de la zona euro ya están avisadas. Desde ahora, la autoridad que las vigila tiene un código de buenas prácticas que deja claro qué se considera un crédito demasiado arriesgado y qué no lo es. Y hay nuevas reglas para el primero de esos supuestos.

El BCE cree que el largo periodo de tipos de interés muy reducidos que él mismo ha contribuido a generar a través de su política monetaria ultralaxa (junto con la de otros bancos centrales) ha impulsado a los bancos a asumir más riesgo en su búsqueda de mayor rentabilidad.

Y en el campo del riesgo destacan especialmente los préstamos, sobre todo (pero no solamente) los concedidos a empresas con un determinado nivel de endeudamiento, los que se realizan a través de sindicaciones o aseguramientos y los concedidos a compañías que tengan una firma de capital riesgo como dueñas.

Todas estas transacciones se mirarán con lupa, especialmente las exposiciones que se concedan a empresas que tengan un nivel de deuda sobre ebitda superior a cuatro veces después del préstamo. Si ese nivel sobrepasa las seis veces sonarán las alarmas. «Estas transacciones deben ser excepcionales y debidamente justificadas», dice el BCE. «Para la mayoría de los sectores, un endeudamiento superior a las seis veces resulta preocupante», añade.

Eso sí, los límites orientativos solo valen para los préstamos a empresas industriales o participadas por entidades financieras. Si el dinero tiene como destino una compañía propiedad del capital riesgo, no hay ningún nivel a contemplar: todos los préstamos se consideran en el campo del riesgo de los apalancados a ojos del banco central.

No se puede hablar de una nueva normativa, porque el BCE ha optado por la vía de las directrices para fijar su política. La autoridad lanzó a finales del año pasado una consulta pública al sector con sus pretensiones y ahora ha llegado a su desarrollo definitivo. Los bancos de la zona euro tendrán seis meses para adaptarse, porque ese es el plazo que se da para su entrada en vigor. Y un año después de ese momento, los bancos ya tendrán que haber remitido un informe interno de auditoría donde se detalle cómo ha implementado cada uno el contenido de la nueva guía del BCE.

Para eso, los bancos van a tener que estudiar. Mucho. Tendrán que saber las características del sector al que se dedica su prestatario y conocer a fondo la empresa en cuestión, hacer una revisión crítica de su plan de negocio y de sus previsiones y estresar estos supuestos para ver cómo respondería en caso de choque. Todo eso tendrá que pasar por comités de riesgos, formar parte de una estrategia definida, llevar a reflexiones y análisis de los equipos encargados y quedar integrado en reportes periódicos que tendrán que realizar los bancos.

El Banco Central Europeo (BCE) se compromete a ajustar su nivel de «intrusividad» en función del perfil de riesgo que asuma cada banco en sus operaciones de préstamo corporativo. Las entidades financieras de la zona euro ya están avisadas. Desde ahora, la autoridad que las vigila tiene un código de buenas prácticas que deja claro qué se considera un crédito demasiado arriesgado y qué no lo es. Y hay nuevas reglas para el primero de esos supuestos.

El BCE cree que el largo periodo de tipos de interés muy reducidos que él mismo ha contribuido a generar a través de su política monetaria ultralaxa (junto con la de otros bancos centrales) ha impulsado a los bancos a asumir más riesgo en su búsqueda de mayor rentabilidad.

Y en el campo del riesgo destacan especialmente los préstamos, sobre todo (pero no solamente) los concedidos a empresas con un determinado nivel de endeudamiento, los que se realizan a través de sindicaciones o aseguramientos y los concedidos a compañías que tengan una firma de capital riesgo como dueñas.

Todas estas transacciones se mirarán con lupa, especialmente las exposiciones que se concedan a empresas que tengan un nivel de deuda sobre ebitda superior a cuatro veces después del préstamo. Si ese nivel sobrepasa las seis veces sonarán las alarmas. «Estas transacciones deben ser excepcionales y debidamente justificadas», dice el BCE. «Para la mayoría de los sectores, un endeudamiento superior a las seis veces resulta preocupante», añade.

Eso sí, los límites orientativos solo valen para los préstamos a empresas industriales o participadas por entidades financieras. Si el dinero tiene como destino una compañía propiedad del capital riesgo, no hay ningún nivel a contemplar: todos los préstamos se consideran en el campo del riesgo de los apalancados a ojos del banco central.

No se puede hablar de una nueva normativa, porque el BCE ha optado por la vía de las directrices para fijar su política. La autoridad lanzó a finales del año pasado una consulta pública al sector con sus pretensiones y ahora ha llegado a su desarrollo definitivo. Los bancos de la zona euro tendrán seis meses para adaptarse, porque ese es el plazo que se da para su entrada en vigor. Y un año después de ese momento, los bancos ya tendrán que haber remitido un informe interno de auditoría donde se detalle cómo ha implementado cada uno el contenido de la nueva guía del BCE.

Para eso, los bancos van a tener que estudiar. Mucho. Tendrán que saber las características del sector al que se dedica su prestatario y conocer a fondo la empresa en cuestión, hacer una revisión crítica de su plan de negocio y de sus previsiones y estresar estos supuestos para ver cómo respondería en caso de choque. Todo eso tendrá que pasar por comités de riesgos, formar parte de una estrategia definida, llevar a reflexiones y análisis de los equipos encargados y quedar integrado en reportes periódicos que tendrán que realizar los bancos.

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